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Portada  |  11 febrero 2021

Los robacasas veraniegos

Diego, un “escruchante” retirado, lo confirma: “La plata está en el verano, porque la gente se va de vacaciones y tenés todo servido para entrar”, cuenta.

Dejar un papelito en el marco de una puerta. Tocar el timbre varias veces. Observar si hay luces que no se apagan en todo el día. Así, con un rudimentario sistema de inteligencia, actúan los “escruchantes”, como se conoce a quienes roban casas en ausencia de sus dueños. Y lo hacen todo el año, pero su “temporada” es el verano, cuando la gente se va de vacaciones.

Diego, un “escruchante” retirado, lo confirma: “La plata está en el verano, porque la gente se va de vacaciones y tenés todo servido para entrar”, cuenta.

La técnica que él empleaba es la más clásica. Colocar un papelito en el marco de la puerta de entrada para que se caiga al abrirla. Si después de dos o tres días sigue ahí es señal de que en esa casa no hay nadie.

El resto consiste en trepar techos, abrir puertas con barretas y llevarse todo lo de valor que encuentren en la casa. Para eso cuentan con una camioneta de apoyo donde cargan el botín que después lo revenden.

A comienzos de enero, Paula y Nelson, un matrimonio de Villa Luzuriaga, se fueron unos días de vacaciones a una quinta. Pero tres días después tuvieron que volver de urgencia. Los vecinos les avisaron que la puerta estaba abierta. Y cuando llegaron descubrieron lo que ya sospechaban: les habían saqueado toda la casa.

Un papelito blanco había quedado puesto en el marco del portón de la cochera. La prueba de que los ladrones habían marcado la casa para detectar si había alguien.

“La verdad que no sé qué vamos a hacer la próxima vez que nos queramos ir de vacaciones, ni una cámara de seguridad te salva. Les tendremos que avisar a todos los vecinos de confianza para que estén alertas”, dice Nelson.

Pablo también tuvo que suspender sus vacaciones. Estaba paseando por Córdoba cuando, alertado por su hermana, volvió repentinamente a su casa en Loma Hermosa, partido de San Martín. El no encontró ningún papelito puesto. Tampoco encontró su bicicletea, su computadora, su televisor y muchos otros objetos de valor.

Todo quedó registrado en las cámaras de seguridad que tiene instaladas. Se ve al ladrón que toca insistentemente el timbre, después golpea la puerta y cuando se convence de que no hay nadie entra por los techos.

“Lo peor es que dejó el portón abierto y una horas después vinieron de nuevo y se llevaron  más cosas. Y al otro día, cuando uno quiso volver a entrar, fue descubierto por un vecino y se escapó. Ahí fue que le avisaron a mi hermana y ella me llamó”, relata.

Ahora está pensando en enrejar la casa hasta el techo. Y duda en volver a Córdoba. El necesita descansar, pero teme dejar la casa sola. Es que el delito no se toma vacaciones.

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