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Portada  |  19 enero 2021

Mundo conventillo

A pesar de los enormes cambios a lo largo de los años, para quienes viven allí el tiempo no pasa. A sus ojos, el conventillo fue y será siempre el mismo.

Los conventillos en la ciudad de Buenos Aires están dentro del 3,2% de las viviendas en la Capital. Dicho número compone también las piezas en hotel, pensiones e inquilinatos. En La Boca hay más de 300 conventillos. Son de distinto tamaño, varía la cantidad de habitantes y también la relación de convivencia.

El denominador común es la construcción precaria, el peligro de derrumbe, las amplias necesidades económicas y los baños compartidos, entre otras características. Hoy, Telefe noticias te presenta el Mundo Conventillo, en detalle.

Marcela vive en uno con más de 100 habitantes. Gran parte del conventillo se incendió hace unos años por su composición precaria de madera. Recuerda que una mujer que vive allí dio a luz en su vivienda y fue ayudada por varias vecinas. “Somos como una familia”, dice. Entre las mujeres se peinan, se pintan las uñas, comen juntas y hacen circular los típicos “rumores de conventillo”.

El patio suele ser amplio y compartido. Piletas de pelopincho en verano, gritos y juegos, mesas largas por fin de año o cumpleaños. Todo forma parte de la cultura de este tipo de vivienda. Pero también están los conflictos. Marisa cuenta que gran parte de los vecinos se rehúsa a pagar el alquiler a un “supuesto dueño”. Eso enciende el enojo de otros habitantes, así como también la suciedad imperante y la circulación de drogas.

Andrés, que vive en otro conventillo, ubica a los baños compartidos en el centro del conflicto. La espera para usar el baño o la cocina es un foco problemático. Las cañerías tapadas también lo son. Pero no se pierden de los festejos comunes, las mesas largas de asado o los juegos de los más pequeños. Es una relación familiar bipolar, del amor al odio sucesivamente.

Mauricio vive en otro tipo de conventillo. La regla es “yo no te molesto y vos no me molestas a mí“. Algunos temen el conflicto de sus vecinos y por ende recurren al respeto. Conocen muy bien la inseguridad y agresividad que impera en el barrio, y no quieren ser partícipes ni víctimas de ello. Así que- al menos en ese conventillo- dicha regla es fundamental, y se percibe en las miradas, los saludos, los gestos. Allí no se paga a ningún dueño, porque no hay reclamos contundentes ni acciones legales que amenacen su permanencia en la vivienda.

Esto es el Mundo Conventillo. Un mundo que proviene de años, que abarca la historia de nuestros inmigrantes, pero que fue mutando hasta dejar atrás la belleza de lo pintoresco. Una tradición que mantiene sus ritos principales, pero que se tornó en una realidad insegura, marcada por las drogas y el conflicto.

A pesar de los enormes cambios a lo largo de los años, para quienes viven allí el tiempo no pasa. A sus ojos, el conventillo fue y será siempre el mismo.

Por Michelle Mendeluk.

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